No olvidar recordar

No olvidar recordar

Hice hace poco  un viaje a Francia, para visitar a mi familia y algunos amigos que quedan. El avión de regreso a Colombia estaba lleno de turistas europeos: muchos de ellos jóvenes, algunos con zapatos para trepar montaña, o con el MP3 lleno a reventar de música electrónica, listos para la última beach party de Cartagena; otros sin signo particular, pero turistas. Dentro de estos estaba un compatriota mío. Le pregunté: “vas de vacaciones?” Pregunta estúpida: sí, obviamente.

Le hablé un poco de la Sierra Nevada, de los festivales de Cartagena, de la Candelaria, Monserrate, el Chingaza. Preguntó él: “¿Trabajas en el turismo?” No. Siempre me es difícil soltar a un turista que escoge a Colombia como destino que soy periodista, de los que a veces hablan mal de este país. Pero se lo dije. Preguntó por la seguridad. Aclaré que no tendría problema, y seguimos el viaje sin hablar más.

Me hundí en los recuerdos del mío en Francia. Este año nevó en Alsacia. Pude caminar como cuando niña, boca abierta, dejando los copos de nieve caer y morirse en mi lengua. Subí una colina para montar trineo con mi hija y me di cuenta que había un cementerio arriba. Cruces negras sobre la nieve. Me acerqué. Era un cementerio de soldados Franceses muertos durante la Primera Guerra Mundial cerca de este pueblito, Metzeral. Sentí, quizás por primera vez, el frío que hacía. Igual, me volteé para lanzarme hacia abajo  en el trineo, tragando mas copos de nieve. Después leí que este pueblito y todo el valle habían sido el lugar de algunas de las peores masacres de esa guerra nuestra. En pocas semanas, todo Metzeral había sido destruido, el bosque de pinos pelado por los bombardeos. Reconstruyeron las casas con cementerio al lado.

En esto pensaba mirando a los pasajeros felices, gafas de sol en la frente, listos para la primera cerveza en la playa, o el primer pase de cocaína en Cartagena. Mi compatriota estaba perdido en su Lonely Planet. ¿Qué le iba yo a decir? Nada. Algunos venimos con el chip dañado y no nos imaginamos hacer turismo en Bosnia, o al menos hacerlo sin pensar en lo que allá pasó.  La seguridad en Colombia está bien. Casi me atreví a añadir: “nunca estuvo mal para los turistas”. Colombia es un país que consume, crece, invierte, se desarrolla. Tiene Mac Donald’s abierto las 24 horas a 50 metros de la playa. Pero si te deslizas un poco hacia el campo, quizás encuentres una familia. La de Eder Verbel, por ejemplo, asesinado por conflicto de tierra en abril de este año (su hermano es él que habla en el audio arriba de este texto). Ahí está, en San Onofre, cerca de una de las playas más lindas del Caribe. Para ir, puedes coger por la destapada que pasa por el Palmar, allá donde hace 6 años encontraron fosas. Le hubiera podido decir eso. Solo me despedí con un: “Pásala bien”.

Llegamos a Cartagena justo a tiempo para el festival anual de música clásica. Ultimo puente de enero. A pocos kilómetros, en Santa Marta, la “banda” de los Urabeños habían decretado un paro armado. La ciudad estaba llena de increíbles músicos y de gente feliz  comprando, bebiendo, comiendo, gozando. Tienen razón: gasten, festejen. Este país tiene el derecho de crecer.  Nada de eso es nuevo: las guerras son unas fiestas. En Francia, recordamos a los muertos de 1915, pero nos tomo años hablar de las guerras de independencia de nuestras colonias. No nos gustan los cementerios ni las historias que los acompañan. Igual, recordar es sano. No impide jugar en la nieve. Ni mata, ni engorda. Para el 2012: no olvidar recordar.

En el velorio de Eder Verbel, su hija


Anuncios

3 pensamientos en “No olvidar recordar

  1. Como es posible que gente tan tranquila, que tan solo quiere vivir en paz, cultivando la tierra, tenga que sufrir esto. No hay limites en la codicia de inversionistas nacionales e internacionales. Gracias por ayudarnos a presenciar, entender esta realidad y animarnos a reaccionar.

  2. Nosotros en general buscamos olvidar ,para pretender esconder el mugre bajo el tapete. A veces tenemos la “fortuna” o no?…… que todo parece limpio, pero ese habito de escoder lo “feamente” vivido, nos lleva a llenar no solo el tapete ,sino a llenar un sotano con nuestras mierdas que se tornan putridas y hediondas y finalmente el olor no s llega inevitablemete. VIVA RECORDAR!!!!!!………..VIVA

  3. Pingback: Ausencia « Caja Negra

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s