Caguan

Así sonaba el Caguan, entre San Vicente y la Tunia, cuando se acabaron los dialogos de paz. Voces llenas de miedo. Los helicópteros volaban bajitos. Por temor a los bombardeos, los habitantes de una vereda cerca de la sede de los “dialogos de paz” prendieron velas en la noche para que los aviones los vieran  y no dispararan. Las casas de madera se quemaron casi todas. “La Sombra”, se llamaba el pueblo.

“Para morirse mas acompañados”, los campesinos llegaban al  casco urbano de San Vicente, con lo que habían podido llevar: colchonetas, televisores, los perros de la finca (como los iban a dejar solos?), sillas de plastico, algunas de ellas robadas en la sede donde gobierno y Farc se reunían. Eso va a ser guerra, decían. Tenían razón.

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Del amor y…

No sé si realmente debe estar aquí, pero los recuerdos llegan a borbotones. En la caja hay de todo. Esta voz es la de Lucero Palmera, guerrillera de las Farc. Es parte de una entrevista grabada durante los efímeros diálogos de paz en Colombia (1998-2002). Habla de los hijos. Lucero era “socia”, como dicen allá, enamorada, del jefe guerrillero Simon Trinidad. De este amor armado, y a pesar de las interdicciones de la guerilla, nació una hija que fue entregada a la abuela. Cuando entrevisté a Lucero, yo no sabía eso. Solo había percibido esta inflexión de su voz, al final de la palabra hijos…

Lucero murió en el bombardeo del campamento en el que se encontraba en septiembre de 2010. Con ella murió la hija que finalmente la había alcanzado en el monte. El padre, Simón Trinidad, ya estaba en una cárcel en Estados Unidos. Esta historia es conocida en Colombia.

No hubo al final ni  victoria revolucionaria, ni encuentro feliz. Amor armado.